Te encanta el pollo… ¿pero has probado la molleja?
A muchos les encanta el pollo, pero casi siempre eligen la pechuga o los muslos. Sin embargo, las mollejas de pollo son un verdadero tesoro nutricional que suele pasar desapercibido.
Son ricas en proteínas, llenas de vitaminas y minerales, y muy sabrosas cuando se cocinan bien. Esta parte humilde del pollo merece un lugar en tu plato.
Las mollejas forman parte del sistema digestivo del ave. Aunque suene extraño, son muy valoradas en muchas cocinas del mundo:
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Salteadas en las calles de China
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Estofadas en guisos del sur de Estados Unidos
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Asadas en el churrasco brasileño
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Cocidas en sopas de África Occidental
Comer mollejas no es solo nutrición: es sabor, tradición y respeto por el alimento.
¿Qué es la molleja de pollo?
La molleja es un órgano fuerte y musculoso que ayuda a triturar los alimentos, ya que las aves no tienen dientes.
Así funciona el sistema digestivo del pollo:
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Buche: almacena el alimento
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Proventrículo: inicia la digestión
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Molleja: tritura semillas y granos con fuerza
Por eso, la molleja es firme y densa. Bien cocinada, queda tierna, jugosa y muy sabrosa.
Las mollejas se encuentran en pollos, pavos, patos y otras aves, y suelen venir en el paquete de “menudencias” que muchas personas descartan.
¿Por qué las mollejas son tan saludables?
No te dejes engañar por su fama de “vísceras”. Las mollejas son muy nutritivas.
Beneficios nutricionales (por 100 g):
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Proteína (20–24 g): ayuda a los músculos y da saciedad
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Vitamina B12 (75 % VD): esencial para los nervios y la sangre
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Niacina – B3 (50 % VD): ayuda a producir energía
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Hierro hemo (15 % VD): fácil de absorber, previene la anemia
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Zinc y selenio: fortalecen el sistema inmunológico
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Colina: apoya la salud del cerebro y el hígado
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Grasa baja (2–3 g): ideal para dietas altas en proteína
✅ Son bajas en carbohidratos, magras y aptas para dietas keto.